Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de profesional y persona eres

La evaluación es un fenómeno que permite poner sobre el tapete todas nuestras concepciones. Más que un proceso de naturaleza técnica y aséptica es una actividad penetrada de dimensiones psicológicas, políticas y morales. Por el modo de practicar la evaluación podríamos llegar a las concepciones que tiene el profesional que la practica sobre la sociedad, las instituciones de enseñanza, el aprendizaje y la comunicación interpersonal.

Se dice que por las afueras de la ciudad de Edimburgo paseaba un individuo excéntrico que se entretenía en preguntar a la gente:

– ¿Usted está bien de la cabeza?

Las personas solían contestar desconcertadas. pero seguras, que sí, que estaban cuerdas. Pero él seguía con su interrogatorio:

– ¿Me lo puede acreditar?

La respuesta de los interpelados se cargaba de asombro. No sabían cómo podía acreditarse, así de pronto, esa respuesta afirmativa. Pero él decía:

– Pues yo sí lo puedo acreditar de forma inequívoca.

Y sacaba de su cartera un documento que decía en su cabecera: Certificado de alta del manicomio.

Es decir, que es el título y solamente el título quien acredita, en una sociedad, que se han adquirido determinados saberes o de que se poseen ciertas destrezas. De ahí su importancia.

Cuando hacemos referencia a evaluar al alumnado, ¿qué es lo que realmente queremos decir?

Empezaremos compartiendo lo que realmente suele suceder a nuestro equipo de profesionales cuando impartimos los talleres demandados en los institutos solicitados.

Cuando llegábamos a la clase de 4º E.S.O lo primero que nos preguntaban los alumnos era, ¿este taller es obligatorio?, ¿cómo se evalúa?, ¿qué hay que hacer para aprobarlo y sacar nota?

Y os preguntamos, ¿os sentís identificados con estas preguntas de los alumnos de 4º E.S.O? , ¿ qué creéis que está pasando aquí?

Analizando esto nos damos cuenta que a la mayoría de los alumnos  y alumnas se les ha transmitido la creencia y el concepto de que evaluar es adquirir unos conocimientos que deben plasmarse por medio de exámenes y se califica mediante una nota numérica. Nuestro equipo socio-educativo comparte la definición de M.A. Santos Guerra (2007) acerca de la evaluación. Para Santos Guerra y al igual que para nosotros la evaluación no es la adquisición de conocimientos aislados, sino que la evaluación es un acto de aprendizaje, evaluar es comprender el aprendizaje.

Por lo tanto la evaluación no es la mera adquisición de conocimientos, sino que la evaluación es un proceso que está formado por la capacidad crítica, la reflexión, las opiniones, la creación, actitudes.

Ahora bien partiendo de la línea de M.A. Santos Guerra, nuestro equipo creó necesario hacerse unas cuestiones acerca de qué van a evaluar.

Con la evaluación pretendemos que el alumnado comprenda, por lo tanto nuestro equipo nos centramos en evaluar en los diferentes talleres:

  • Actitud de los alumnos
  • Motivación de los alumnos mediante la participación en clase y asistencia
  • Su capacidad crítica y reflexiva
  • Su actitud indagadora con las diferentes temáticas de los talleres, etc.

Pensamos que la evaluación es un proceso continuo, y la solemos usar como herramienta de aprendizaje. Independientemente de cómo se haga, la evaluación desempeña una serie de funciones:

  • Evaluación como diagnóstico: La evaluación permite saber, entre otras cosas, cuál es el estado cognoscitivo y actitudinal de los alumnos.
  • Evaluación como selección: La evaluación permite al sistema educativo seleccionar a los estudiantes. Mediante la gama de calificaciones, la escuela va clasificando a los alumnos.
  • Evaluación como jerarquización: La capacidad de decidir qué es evaluable, cómo ha de ser evaluado y qué es lo que tiene éxito en la evaluación confiere un poder al profesor. Un poder legal, no siempre moral. Lo cierto es que la evaluación opera como un mecanismo de control.
  • Evaluación como comunicación: El profesor se relaciona con el alumno a través del método, de la experiencia y de la evaluación. Esta comunicación tiene repercusiones psicológicas para el alumno y para el profesor. El alumno ve potenciado o mermado su autoconcepto por los resultados de la evaluación.
  • Evaluación como formación: La evaluación puede estar también al servicio de la comprensión y, por consiguiente, de la formación. La evaluación permite conocer cómo se ha realizado el aprendizaje (Santos Guerra, 1989). La evaluación formativa se realiza durante el proceso (no sólo está atenta a los resultados) y permite la retroalimentación de la práctica.

Relacionando estas funciones con el desarrollo de nuestro Programa, podemos decir que nos hemos basado sobre todo en una evaluación como diagnóstico (al aplicar un pre-test al alumnado para valorar sus conocimientos previos sobre el tema a tratar) y en una evaluación como formación (pues hemos aplicado diferentes técnicas a lo largo del desarrollo del Programa; como por ejemplo: observación sistemática y directa, asistencia y participación en clase, diarios de clase, etc.). Hemos considerado que tiene especial relevancia realizar una evaluación final, transcurridos unos meses tras la aplicación del Programa, para comprobar si el aprendizaje ha sido significativo y la eficacia del mismo.

La realización de este Post ha supuesto que nos replanteemos el concepto de evaluación, ya que debemos tener en cuenta que si cada alumno tiene un estilo de aprendizaje, tendremos que adaptar el proceso de evaluación a cada caso concreto. Relacionado con lo dicho, destacamos la siguiente cita:

“Todos somos genios, pero si le pides a un pez que trepe a un árbol pasará su vida sintiéndose estúpido”

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